de cara a la puerta cerrada de mi patio trasero
esperando la voz de mi abuela y el aroma de las orquídeas ya casi olvidado
Mi canto poco a poco abre la portezuela
al ritmo de mi respiración y mi mandala en movimiento
hasta donde llega mi calma y el laberinto comienza
Y por momentos pierdo el compás
uno a uno de mi corazón latiendo mientras miro desde el aire
a mi gata descansando







